jueves, 18 de noviembre de 2010

Tu rostro, una fotografía, una sonrisa

Como si fuera por instinto, mis ojos te buscan de manera constante, casi rítmica. Recorro una larga lista de rostros buscando el tuyo, ese que siempre tiene una sonrisa, tal vez por ser fotografía, tal vez por ser tu esencia, o tal vez porque me gusta imaginarte sonriendo, sonriéndome, a punto ya del besar, ese beso que nunca llega; se atora entre las redes de comunicación (que son, en la mayoría de los casos, las más enmarañadas y pegajosas de entre una gran variedad de redes) y se queda inconcluso, vano, solo… pero nunca olvidado.

Recorro del antier al después, buscando, pensando, siempre con tu idea en la mente, con las ganas de ser, queriendo salirme de mi, deshabitarme, dejar un cuerpo vacío, como molde de cartón dejado de lado, ir contigo, visitarte, recorrerte, acompañarte, ver y analizar a los que te acompañan, aprenderlos, analizarlos; convertirme en idea terca y convencerte de que entres por los ojos de ese molde que quedó vacío, y te veas a través de mis ojos (o donde deberían estar mis ojos) y te des cuenta de lo sencillo que es ser atraído por tu vida, por tu sencillez, en fin, por ti, quizás así pueda sacudirme la culpa.

Y es que soy quien llega tarde, soy aquel que se queda esperando a que abran la puerta, una puerta a la que después llaman y abren, y cuando soy yo el que llama, el anfitrión está apurando la copa de vino para servir la taza de café y la sobremesa, acompañada siempre de las flores que yo envié desde días atrás. Quizás es un defecto cronológico, he pensado que es parte de quien soy, sin embargo, en momentos como ahora, lo único que puedo hacer es arremeter contra el calendario, romperlo a golpe de palabra, destrozar los espacios que delimita, como burlándose, esperando que así deje de correr el tiempo. Pero cuando volteo alrededor me doy cuenta de que en esta guerra sin cuartel en contra de Cronos, arrasé con todo. Estoy solo y a oscuras, apenas puedo levantar un brazo para, a tientas, con miedo, como si fuera por instinto, buscarte, entre una larga lista de rostros, esperando encontrar la fotografía de tu sonrisa.
poet@ enRED@do 18/nov/2010

miércoles, 27 de octubre de 2010

Sin título

Me desperté hoy en la mañana junto a una persona que no reconocí. O no quise reconocer. Tenía los ojos abiertos, me miraba extrañada, como si con una mirada quisiera darme a entender que no era casualidad que estuviera ahí, que todo era un plan perfectamente armado y aceitado, para sorprenderme justo ahora.

Camino al coche la sentí a mi lado, sus ojos no transmitían ya ese extraño (pero conocido) aire de causalidad, tenían ahora un propósito mucho más profundo… pero no lo adiviné entonces. O no lo quise adivinar. Me cuestionó otra vez acerca de mi indiferencia. Cantamos un rato, yo queriendo enterrar con palabras su mensaje, él queriendo con notas ahogar un grito, mientras la ciudad se movía, se hacía una mancha llena de ruido, colores, rostros y olvido.

En medio de la gente que iba y venía, ese rostro aún por reconocer se perdió. O quise perderlo. Pero justo a la hora del almuerzo, ese momento que es para todos un motivo para esperar, una razón para dejar de lado las preocupaciones, ahí, justo entre la sopa y el postre, me miró. Esta vez no dijo nada, decidió guardar su mensaje en el sabor del café, y lo ignoré cuando terminé la taza en un intento desesperado por apagarlo y quitarlo de mi mente.

Volví a casa. Ahí estaba, mirándome, y no tuve más opción. O no quise tenerla. No dijo nada. No esta vez. Sólo sus ojos brincaban de los míos al espejo, del espejo a mis ojos. Supe entonces que este yo de ojos tristes y expresión aletargada se quedará conmigo hasta que te quedes tú en mi, y seas tú quien, en el espejo, con una sonrisa y tus ojos en los míos, “buenos días”, y yo, sin necesidad de escapar, “buenos serán”.

Poet@ EnRED@do 16/02/2010

sábado, 21 de agosto de 2010

Retomando el blog

He estado pensando, a través de entradas e interesantes discusiones en facebook, que bien vale la pena tener un cuaderno electrónico en el cual poder compartir lo que pienso, lo que siento y algunos temas que pueden ser interesantes, y ya lo tenía, pero en el olvido... Así que, quien quiera echarse un clavado a mi mente, para intentar descifrarla, para rebatir mis puntos, o simplemente por ocio, dénse una vuelta por acá, no prometo actualizar seguido, pero prometo que cuando lo haga, será con esmero...

martes, 12 de febrero de 2008

Tras un año...



Es duro seguir la cuenta del tiempo cuando el reloj mismo se resiste a seguir su marcha. No creo necesario hablar de mi mismo, del mundo, mi mundo, nuestro mundo. El -no tan- pequeño espacio que compartimos, el -siempre- grandioso tiempo que, muchas veces sin planearlo, tuvimos para nosotros. Un año ha pasado ya desde el duro golpe. Un año de que dejaste de vivir, para empezar a realmente ser, a realmente existir. Y seguimos siendo los mismos, no somos mejores, somos simplemente, la gente que amas, la gente que creció contigo, y que, con tu marcha, tuvo que aprender, de la forma dura, que lo que tienes no es para siempre, que es prestado, y que, tarde o temprano, hay que devolverlo.
Pero esto no quiere decir que no te extrañe. Esto no quiere decir que puedo dejar pasar la fecha, como un día más en el calendario, porque lo que recuerdo hoy no es un suceso cualquiera. Es la finalidad de la vida, no el fin de una vida. Eso tú lo sabías desde antes (una de las tantas cosas en las que nos llevabas ventaja), y mira si la vida es curiosa y Dios tiene planes marcados, fuiste tú, quien más se apasionara por la vida, quien más disfrutó con la difícil tarea de desenmarañar sus secretos y encontrar la forma mejor de preservarla, quien nos enseñó, al final, cuál es el verdadero sentido; amar mientras puedes, vivir mientras estás aquí, y no dejarte vencer por los pequeños obstáculos, que nunca son más grandes que la percepción que de ellos tenemos.
Hoy el cielo lloró… y lloró fuerte… dudo que sea de pena, al menos dudo que sea de pena por tenerte, más bien se compadece de la tierra, que ya no es más tu hogar. Recuerdo el sol de hace un año, y recuerdo el sentimiento que me provocó el ver un día tan soleado, tras semanas tan frías, y no por el clima, sino por lo que para mi representó: El cielo estaba de fiesta, pues uno de sus ángeles, el más sonriente, había regresado por fin a casa, tras algunos años de ausencia. Creo que el cielo lloró hoy las lágrimas que yo no pude, y no por falta de dolor, sino por tantas y tantas máscaras y pendejadas que me he ido poniendo… créeme que me duele aún más que haya sido así, aunque supongo que cada quien vive el dolor de forma diferente, y las lágrimas casi nunca han sido mi lenguaje.
Por eso te escribo, para que te enteres, una vez más, de lo que ya sabes de sobra, que te amo, que no te olvido, que me sigues haciendo falta en vida, que sigo esperando la noche en que me vengas a visitar y me digas que estás bien, que me regales esa sonrisa que, muchas veces, entre sombras, es la luz que necesito. Pasaron ya la rabia y la tristeza más fuerte, pero queda aún el vacío, las ganas de mencionarte, y no sentir que hay un hueco en mi corazón, levantar la bocina del teléfono, confiado en que, tras digitar 8 números, estarás al otro lado de la línea, y me saludarás con ese “¿qué pasó, amigo?” que tanto añoro, saber que puedo recorrer unas cuantas calles y ver un coche con dragones estacionado afuera de una casa, tocar sólo porque hace mucho que no les veo, y encontrarme con una enorme sonrisa, entre ladridos, y junto a otra gran sonrisa, que refleja el amor, y ser recibido con un abrazo y un saludo único, un beso, y una broma.
Prendo otro cigarro… se que no te gusta que fume, me lo dijiste varias veces, y lo callaste muchas más, pero nunca me importó, he de ser sincero y confesar que ahora tampoco me importa mucho que digamos… vivir es a veces ya lo suficientemente difícil como para no necesitar algo que me ayude a conservar la concentración mientras escribo. Lo se, sigo siendo el mismo necio, y tú sigues siendo el mismo ángel que me abraza, que me calma, que me sonríe en las noches (aunque no te vea), y que me alienta a seguir, de aquí a que nos encontremos de nuevo. Seguro habrás conocido ya a las otras personas que están allá también, dales mi saludo, y diles que no las olvido tampoco, que siguen en mi corazón, te encargo que le des un beso a mi abuelo, ese beso que desde hace ya tantos años le tengo guardado. Es un gran hombre, tal como tú lo eres. Te amo, amigo, eso nunca va a cambiar.

Hasta el próximo encuentro… te abrazo

domingo, 30 de diciembre de 2007


El eco de los aplausos sigue dando vueltas en mi mente. El proscenio caliente todavía, resultado de las idas y vueltas de los mismos actores de cada noche, el maquillaje corrido por el desgaste del monólogo final. Ha terminado la función, y como siempre, el teatro ha quedado en silencio, y mi cabeza girando, mareada, inundada por la adrenalina liberada durante la actuación, interpretando el papel que conozco a la perfección, pero que, cada vez, logra estremecerme de nuevo.

La soledad se amontona entre las piernas, el vino resbala de mis dedos y vuelve a caer, como todas las noches, en unos pies cansados, aburridos de andar cada vez el mismo camino, sangrados por la piedra perenne, que causa siempre el tropiezo y la herida que tarda en sanar. Cualquiera diría que es hora ya de aprender a esquivarla, pero sigo cayendo en su trampa, como si fuera la primera vez.

Aprieto en mis manos el ramo de flores obligado, único signo de que la función fue real, aparte de la taquicardia insistente. Doy la espalda a la primera fila, agradezco la pena y la gloria, camino hacia el camerino, a vestirme de nuevo con mis ropas habituales, pero me detengo por un momento, pensando en la próxima vez que pise este escenario, y un seguidor me apunta fijamente, me quito el sombrero, hago la reverencia cotidiana, y me retiro, a estudiar el mismo libreto, con la esperanza inútil, de cambiar el destino inevitable del personaje que soy yo, del guión que es mi vida, de la obra que, siempre con elenco diferente, se presenta con cierta periodicidad en este mismo teatro.

Poet@ EnRED@do, 30/12/2007

jueves, 6 de diciembre de 2007

Hay momentos



Hay momentos... Hay momentos en los que soy hombre, de esos que enfrentan la vida cara a cara sin que los claroscuros le preocupen. Y salgo, y le grito al mundo que estoy vivo, río, sueño, viajo, soy. Pero hay momentos...

Hay momentos en que soy sombra, de esas que vagan por la calle sin notar lo que sucede alrededor. Y camino, no transito, simplemente camino, como entre humo, como entre fantasmas, como entre olvido. Pero hay momentos...

Hay momentos en que soy aire, de esos que envuelven a las personas y les dan vida. Y amo, deseo, siento, vuelo, vuelvo y me quedo. No hay más bello sentimiento que la libertad que le da a uno ser aire. Pero hay momentos...

Hay momentos en que soy niño, de esos que lloran cuando pierden el objeto de sus afectos. Y me inunda la rabia, la desesperación, el dolor, la angustia y el ocio. Y no quiero saber nada, y no quiero enterarme de lo que haces. Pero hay momentos...

Hay momentos en que vuelvo a ser yo, a ser ese, que quiere hacer, que quiere ser, que no soporta la terrible levedad de un minuto, la asombrosa nimiedad de una lágrima, el constante y preocupante bloqueo, no sólo de sentimientos, de ideas. Pero hay momentos...

Me vuelvo multifacético, incongruente, inestable, volátil. Pienso, pero no por lo tanto existo, existo sólo cuando dejo de pensar, cuando dejo de sentir, existo sólo, en ese momento, en el que no estoy, en el que ni frío ni calor, ni amor ni dolor.

Sin embargo, lamentablemente, hay momentos...

Poet@ EnRED@do, 06/12/2007

jueves, 8 de noviembre de 2007

Si yo, tú

Si yo, tú. Si caes, yo contigo, y nos levantaremos juntos, en esto unidos.

Si me pierdo, encuéntrame. Si te pierdes, yo contigo, y juntos leeremos en las estrellas cuál es nuestro camino, y si no existe, lo inventaremos.

Si la distancia es el olvido, haré puentes con tus abrazos, pues lo que tú y yo hemos vivido no son cadenas, ni siquiera lazos: es el sueño de cualquier amigo es pintar un te quiero a trazos, y secarlo en nuestro regazo.

Si yo, tú. Si dudo, me empujas, si dudas, te entiendo.

Si callo, escucha mi mirada. Si callas, leeré tus gestos.

Si me necesitas, silba, y construiré una escalera hecha de tus últimos besos, para robar a la luna una estrella y ponerla en tu mesilla para que te dé luz.

Si yo, tú. Si tú, yo también.Si lloro, ríeme. Si ríes, lloraré, pues somos el equilibrio, dos mitades que forman un sueño.

Si yo, tú. Si tú, conmigo.Y si te arrodillas, haré que el mundo sea más bajo, a tu medida, pues a veces, para seguir creciendo, hay que agacharse.

Si me dejas, mantendré viva la llama hasta que regreses, y sin preguntas, seguiremos caminando, y sin condiciones, te seguiré perdonando.Si te duermes, seguiremos soñando que el tiempo no ha pasado, que el reloj se ha parado.

Y si alguna vez la risa se te vuelve dura, se te secan las lágrimas y la ternura, estaré a tu lado, pues siempre te he querido, pues siempre te he cuidado.

Pero jamás te cures de quererme, pues el amor es como Don Quijote: sólo recobra la cordura para morir.Quiéreme en mi locura, pues mi camisa de fuerza eres tú, y eso me calma, y eso me cura...

Si yo, tú. Si tú, yo. Sin ti, nada. Sin mí, si quieres, prueba...


Txus di Fellatio